SENDEROS DE AZUL CLARITO
¡Inhala, exhala, inhala,exhala! El tic, TAC del corazón a mil y el furor en las piernas es incontrolable. La tradicional música através de los audífonos esta vez se ha quedado en casa y ha sido reemplazada por el trinar del calzado al impactar la tierra, el cantar de pájaros grandes y chicos, el fluir de los ríos através de las bateas y el ímpetu incesante de unos pulmones ávidos de acción.
El tráfico de pensamientos racionales e irracionales que danzan en las inmediaciones de la mente incrementa a lo largo de los kilómetros, la búsqueda inagotable de tranquilidad y libertad se torna intensa, el ritmo desciende un par de metros y con esto una leve reflexión. ¿Es en verdad justa la vida? O simplemente ¿Nuestro papel como fichas del rompecabeza siempre terminará por decisión de aquel, quien con el poder en sus manos, solo chista los dedos y nos desplaza al costado? Fin de la primera reflexión y de nuevo el ritmo se intensifica, esta vez cuesta arriba.
El camino de torna algo angosto, nubes sobre nubes hacen del cielo, un cielo gris; la anciana al costado del camino cierra el broche que da paso a su hogar y sus caninos al verme quienes al ver a un extraño laten sin cesar, demuestran su autoridad y delimitan el territorio.
La sombra de los añejos árboles y el aire fresco hacen del ambiente un emblema a la tranquilidad pero a su vez insistan al misterio y al temor. ¿Por qué pagar los platos rotos cuando no has hecho nada malo? La respuesta implicando moral, estatus, poder e ignorancia se transforma en dilema e ironía. Mejor aumentar el paso y dejarlo todo en los últimos primeros kilómetros.
Finalmente el último descenso antes de la primera mitad y el anuncio para llegar al mejor lugar del globo. Lentes al suelo, una camiseta empapada de sudor que sale volando y unos cuantos pasos de aquí para allá con el fin de nivelar el pulso y calmar la euforia. Paso seguido, despojarse el calzado y patos al agua.
Agua cristalina como debería lucir el espejo del alma, una tranquilidad inamovible, el fluir de la corriente penetrando las entrañas a través de las extremidades inferiores; el paraíso.
Las chicharras y las últimas aves del día penetrando el aire con sinfonía particular dando aviso de las 6pm, la hora del himno nacional en las radios y en los televisores en Macondo; la hora en la que el corredor decide sumergir su cabeza en tan apacibles y acogedoras aguas.
El aire escapa bajo el agua y con el un par de demonios deja en libertad a un corazón golpeado pero que no se rinde y le da un respiro a un pedazo de alma inquieta por saber si en algún momento alcanzará una gota del anhelado Nirvana.
Peces bebé se pasean en medio de las piernas, juguetean en las inmediaciones de aquel cuerpo extraño, se divierten, sonríen sin más.
La noche acoge al día que ya se despide, la segundo ronda de 6 arduos kilómetros ya empieza; gracias Universo, él respira, sabe que una derrota más nunca será el fin. El nuevo ciclo se abre y con el un nuevo mundo por recorrer.
Leo RaGo
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