VORAZ
Hace un par de días despertaba algo temprano como ya es habitual para salir a andar en bici en compañía del mejor padre del mundo. Salimos entonces antes de los primeros rayos de sol, el cielo lucía magnifico, épico y despampanante. El ritmo del pedal como de costumbre era tranquilo para ir tomando así ritmo para los próximos kilómetros. Fue entonces cuando después de unos 2,000 metros me topé en la ruta con quienes llegué a pensar serían mis nuevos compañeros de ruta y de leña como decimos popularmente en el gremio. La decepción fue total, no fui invitado y todo porque la ruta era montañosa, parte del ciclismo donde más me destaco y soy realmente más feliz a pesar de las “parideras” varias. Tal vez les dio miedo dijo papá en medio de su notable enojo. Efectivamente eso no fue excusa para seguir adelante y bajar ritmo, lo realmente maluco del caso fue el silencio incomodo de los próximos 10 kilómetros que con ellos debimos compartir. La ruta del día sería simple, 20 y tan...