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Mostrando entradas de octubre, 2019

¿Y LA MEMORIA PA' CUÁNDO?

Con el pulgar en alto se da la señal, el sonido en la tarima al parecer está bien organizado, la espera ha terminado. Él, sale de su lujosa camioneta, sube las escaleras, se da la vuelta y dirige a la gente un humilde saludo; devuelve la vista al frente de la tarima y una bella señorita le plasma en su espalda la señal de la cruz.  El pueblo enarcede, las palmadas gimen, gritos y silbidos ensordecedores vienen y van; quien parece ser un ídolo del pueblo gracias su música popular canta con fervor y no pierde de vista ningún punto de la tarima.  La Pola no puede faltar, la lechona tampoco y los falsos profetas del mundo politiquero mucho menos. Aquí, en este preciso instante convergen grandes y chicos, ricos y pobres, populares e impopulares, hay cabida para el que quiera estar, al fin y al cabo la música es gratis y voto es "personal e intransferible" ¿Verdad?  El chiquillo de aparentes 4 años en el regazo de la abuela saborea los últimos bocas del típico plato...

LA RUSA I

12 del mediodía, hora tradición para ir a almorzar y más aún para aquellos inagotables que conforman el gremio de la construcción, los populares “rusos”.   La gran mayoría, de encontrarse cerca de casa dejan de lado la pala, la mezcla, los ladrillos, la plomada y el negro de una obra surgiendo del suelo o el gris de una que ya empieza a tener cara; entonces toman sus bicicletas o motos para desplazarse a casa o de ser foráneo, al restaurante más cercano para degustar quizá un plato con sabor a gloria criolla, a tradición, a hogar.   Por otro lado, y quizá una no tan pequeña minoría buscan la comodidad de un bulto de cemento, un par de bloques o la raíz y sombra de un árbol, allí, sacan de sus mochilas la famosa coca que de seguro contiene su almuerzo, esos que se preparan con mucho amor por una madre que no se rinde, una esposa luchadora o por ellos mismos en la soledad de la madrugada, en medio de la incertidumbre de lo que traerá el nuevo día.   B...

LA MARCHA FINAL

Implacable e injusto tal vez, ese es el mundo que nos a tocado vivir y en ocasiones sufrir o padecer. La mayoría de nosotros terminaremos metros bajo tierra dentro de un cajón hecho de madera de gama alta o media, acolchado y bien pintado. Y cómo en la mayor parte de los casos pasaremos de ser villanos a ser unos verdaderos héroes, porque como dicen las buenas lenguas; «no hay muerto malo» o por lo menos eso pasa en el país del sagrado corazón.  Y es entonces, al ver cómo se agolpan masas innumerables de personas sin importar su orden en la escala de jerarquía o la marca de su camisa de luto, cuando te das cuenta de que la muerte tiene una capacidad irrefutable para unir.  Lágrimas corren por los pómulos calurosos de familiares y amigos, de grandes y chicos, incluso de curiosos que asisten al acto. Porque como el bostezo, la lágrima se te pega de repente.  Las palabras de agradecimiento a quien abandona el plano terrestre abundan, las de aliento para quien lo ...