VORAZ

Hace un par de días despertaba algo temprano como ya es habitual para salir a andar en bici en compañía del mejor padre del mundo. Salimos entonces antes de los primeros rayos de sol, el cielo lucía magnifico, épico y despampanante. El ritmo del pedal como de costumbre era tranquilo para ir tomando así ritmo para los próximos kilómetros. Fue entonces cuando después de unos 2,000 metros me topé en la ruta con quienes llegué a pensar serían mis nuevos compañeros de ruta y de leña como decimos popularmente en el gremio. La decepción fue total, no fui invitado y todo porque la ruta era montañosa, parte del ciclismo donde más me destaco y soy realmente más feliz a pesar de las “parideras” varias. Tal vez les dio miedo dijo papá en medio de su notable enojo. Efectivamente eso no fue excusa para seguir adelante y bajar ritmo, lo realmente maluco del caso fue el silencio incomodo de los próximos 10 kilómetros que con ellos debimos compartir.  

La ruta del día sería simple, 20 y tantos km en plano y luego un pequeño puerto de montaña, el ya tan eterno alto de los peligros. Entonces entrados en gastos y de regreso a un ritmo en verdad muy bueno, tomamos la ruta de regreso para encarar lo que serían 3 kilómetros de hermosa montaña. 

 Pero, lastimosamente en esta ocasión no fue para nada placentero el ascenso, hubiera preferido haber sufrir una de tantas crisis a bordo de mi bicicleta que haberme encontrado a mitad del recorrido con todo el costado derecho de la montaña totalmente en cenizas El verde de la vegetación endurecido por las altas temperaturas se había transformado en esa triste combinación de blanco y negro que suele quedar plasmada en el lienzo de la naturaleza después de haberle dado lugar al voraz paso de unas llamas hambrientas , el humo brotaba de los corazones de cada tronco del camino al igual que las lágrimas lo hicieron sin más de mis ojos y esta vez no por el efecto natural del contacto de la retina con el mismo fantasma gris, sino más bien por la tristeza producida al ver tan deprimente panorama.  

Es bien sabido que por tiempos inmemorables la quema controlada del suelo ha sido utilizada como operación agrícola para aumentar la fertilidad del mismo; pero ¿Qué pensar cuando esta quema se consume nuestros cerros, arboles, bosques y demás no solo a causa de las altas temperaturas sino más bien por motivos de la inconsciencia e irresponsabilidad que transpiramos nosotros los seres humanos? Más que triste es una cruel realidad, porque somos nosotros como raza humana quienes nos estamos encargando de arruinar el planeta donde vivimos y donde algunos planean vivirán sus hijos.  

Dando continuidad con el relato; avanzamos entonces en la ruta y mientras papá luchaba contra la fuerte cadencia que lo caracteriza en ascenso yo peleaba contra toda esa rabia que destellaba en mis poros a flor de piel; metros y metros de naturaleza en luto decoraban esta vez el paisaje. En el leve descanso del lugar mejor conocido como el mirador, esta vez no eran los amigos o las parejas posando para su mejor foto quienes lo ocupaban, esta vez era el grupo de bomberos voluntarios quienes lo hacían y quienes con recursos realmente limitados luchaban sobremanera contra esas llamas que se negaban a apagarse montaña abajo.  

Finalmente, y en el epilogo del ascenso era una gran nube de humo la que danzaba en el cielo en dirección al sur llevada por un viento tenue pero poderoso que sin lugar a dudas no tenía la culpa y se declaraba inocente de todo lo ocurrido, y no nosotros de la alegría por haber registrado un muy buen tiempo en la ruta.  
Hoy, después de un par de días sin poder dormir por el efecto del humo foráneo penetrando las ventanas de mi habitación y de paso mis pulmones, y soportando un dolor de cabeza leve pero deprimente, batallo contra la impotencia voraz por no poder hacer mucho por ayudar y me resigno un poco a divisar el desastre desde la terraza de mi casa y a aceptar las consecuencias de las desfachateces que el hombre ha sabido cometer siglo tras siglo en contra de la Pachamama.  

Leo RaGo.

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