PARA NO DESFALLECER
Quizá al día de hoy no conozco tu nombre o si lo escuché tal
vez ya lo olvidé. Y no por ser ingrato sino más bien porque el viento en medio
de la tormenta lo raptó por arrebato. Aunque, por otro lado, ¿qué tal si tu
nombre en el corazón se me ha clavado y de paso en mi alma se ha incrustado?
A decir verdad aunque
pequeño y existencial el dilema, al parecer mi mente no quiere obviar el tema,
y quiere lanzarse sin más a los brazos de ella, quien sin dejar su reflejo
claro ha penetrado mi sistema.
¡Oye! Y ¿Si mejor te
revelas y conmigo cada noche te desvelas?
Y es que sin más, te entregaría mi alma en bandeja de plata,
te llevaría cada anochecer a recorrer los infinitos tejados de lata, aquellos
que de colores diversos; gris, azul, blanco y escarlata, conforman una sinfonía
que con facilidad a la luna el sueño arrebata.
¡Vente! Hagamos posible lo imposible y en medio de las
agotadas calles del humilde barrio convirtamos tu sonrisa en invencible, y si
tanta espera le damos así un respiro a mi orgullo, el insensible.
Y es que no se trata de crear con texto la mejor rima, se
trata más bien de recorrer el inquebrantable Macondo hasta llegar a la cima, sin
anestesia, solo autoestima, con la creencia intacta en el universo y su
interminable carisma.
Al final de todo prometo no enviarte flores, ¿Qué tal y si
mejor sembramos árboles por montones? Y así poder en un futuro refugiarnos en
el más arduo de los calores, descansar bajo sus regazos sin complicaciones,
recrear el ambiente de nuevas ilusiones y huir de vez en cuando de la urbe y
sus detonaciones.
Entonces, al abrir los ojos en medio del amanecer podremos
así ver detrás de las cortinas al sol su foco encender; tomaré entonces tu mano
para nunca dejarle caer y aunque tal vez te encuentres lejos no permitir al brillo
de tu mirada un eterno desfallecer.
Leo RaGo...
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