SONRÍE Y DATE UN VUELCO
Tarde de sábado, la pieza de metal de orificio perfecto
abraza con precisión la inofensiva pero fuerte tapa de lata, el movimiento
mecánico del vendedor surte efecto y el aire contenido dentro de la botella saborea la libertad de forma
explosiva y sonora.
Y bueno, no se puede negar que en medio de temperaturas tan
calurosas y a puertas del anhelado fin de semana, el sabor de un pola bien fría
transitando por la garganta hasta perderse en las inmediaciones de nuestro
sistema no cae nada mal y muchas veces hasta sabe a gloria como dicen por ahí. Luego
del saboreo llega la segunda, esa que tampoco es mal recibida y en un abrir y
cerrar de ojos tiene lugar la tercera.
Pero, luego de ver al
cielo y arrojar un suspiro fugaz surge la inquietud por saber si; ¿Acaso serán
necesarias una cuarta, una quinta o una sexta? A simple vista la respuesta podría
ser fácil para muchos, aquellos quienes dirían que como hay plata y mañana no se trabaja, un par de polas más no vendrían nada mal, pero. ¿Qué pasará por la mente de
aquellos, quienes a pesar de tener sus alacenas y neveras vacías en casa
deciden quedarse para beber hasta más no poder? Irónico y fuera de serie ¿no? ¿Embriagarse
de cebada en lugar de embriagar a sus esposa e hijos de alimentos, compañía y de amor?
Por fortuna hay otros tantos peatones, quienes no caen en la
falacia de aquel viejo y reconocido refrán de “la última y nos vamos” y por el
contrario tienen la valentía de beber solo dos o tres, se despiden y hasta terminan por soportar esos comentarios algo subidos de tono de ciertas amistades, comentarios donde la
mujer en casa es un completo ogro y es ella quien termina siendo la mala del paseo. Peatones quienes al
final respiran profundo y toman camino a casa.
Llegas entonces a la ya tradicional conclusión de que la
vida llena de excesos no es del todo la mejor, de que el universo conspira a
favor pero no puede hacer todo por nosotros, y que es ahí cuando debemos percibir
las señales y darle un vuelco total a nuestra existencia para así darnos cuenta
de que respirar no siempre es sinónimo de vivir, de que la familia debe ser lo
primero y el amor la primera y más importante religión a profesar.
Aprender que la felicidad no debe ser un simple momento sino más bien un estilo diario de transito por este mundo se vuelve imperativo, estilo donde lo material termina por ser totalmente superfluo, donde el dinero no repone tu salud y mucho menos el tiempo perdido, estilo donde la humildad demarca cada nuestros pasos y donde una sonrisa sincera y profunda acompañada de un abrazo fortísimo y lleno de la mejor vibra puede terminar por cambiar tu vida y la de muchos a tu alrededor.
Aprender que la felicidad no debe ser un simple momento sino más bien un estilo diario de transito por este mundo se vuelve imperativo, estilo donde lo material termina por ser totalmente superfluo, donde el dinero no repone tu salud y mucho menos el tiempo perdido, estilo donde la humildad demarca cada nuestros pasos y donde una sonrisa sincera y profunda acompañada de un abrazo fortísimo y lleno de la mejor vibra puede terminar por cambiar tu vida y la de muchos a tu alrededor.
Leo RaGo…
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